Historias Enmarcadas

Hola! Bienvenido/a, cómo estás?

Somos Nadia y Sebastián, te contamos que acabas de adentrarte en un viaje virtual, en un relato y en una secuencia de obras que retratan, un poquito, algunas de las tantas historias de viajes y aventuras que vivimos juntos, y que hoy los revivimos en este formato multisensorial para compartirlo con vos.

Te adelanto que vamos a subir montañas, caminar extensas playas, perdernos en la selva y en vibrantes ciudades, vamos a conocer personas maravillosas, historias de historias, vamos a reír y a emocionarnos también.

Un lugar, un retrato y una anécdota.

GUNGA

Alagoas. BR

Praia do Gunga fue el último destino de nuestra visita al litoral sur de Maceió, donde paradójicamente vivimos un amor a primera vista.

La diversidad de escenarios y colores nos dejó sin aliento. A pocos kilómetros de la ciudad, redescubrimos un verdadero PARAÍSO.

Una calurosa mañana de Marzo, (a pesar de ser tan temprano como las 5.30am) como todas nuestras mañanas durante ese viaje, preparamos nuestro mate y salimos nuevamente a la ruta, esta vez, con destino a lo que se convertiría en nuestro destino favorito en Brasil.

Ruta AL – 101 con dirección al sur de la ciudad, los kilómetros iban pasando y el turquesa del mar se iba incrementando.

La playa de Gunga se encuentra en una “Fazenda” privada con una historia fascinante…
Según cuentan los nativos, estas hectáreas y hectáreas de tierra, fueron ganadas en un juego de cartas hace muchos años. Su dueño actualmente vive y dado este acontecimiento, esta porción de naturaleza hoy en día es privada, pero por suerte aún se puede visitar.

Al adentrarnos en el parque de coqueros, éstos dibujaban siluetas en la arena caliente, guiándonos hacia la playa.

Recorrimos Gunga de punta a punta, cada paso un suspiro, una foto, una sonrisa cómplice, buscando inmortalizar cada momento.

Pero Gunga es mucho más que playa y palmeras; en su interior esconde impresionantes acantilados donde los colores se saturan, formando majestuosas “Falesías” en tonos marrones y rojizos, contrastando maravillosamente con el mar nordestino.

Luego de atravesar el extenso parque de coqueros, llegamos a éstas falesías, subimos a los acantilados, caminamos entre sus pasillos y contemplamos su inmensidad. Desde lo alto, divisamos el parque de coqueros y el mar, un manto degrade en verde y turquesa que se disolvía en el horizonte. Tomamos unos minutos para absorber la perfección, la naturaleza, y agradecer por descubrir este paraíso, sintiendo la arena bajo nuestros pies.